Saliendo de casa, en el campo, en una de las curvas me encuentro con esto:

Sí, es un lechón amarra’o con soga amarilla en la parte de atrás de una pickup; your eyes don’t deceive you. El pobre lechón estaba amarrado por las patas de atrás, por las del frente, y un lazo por el pescuezo que se amarraba a las cuatro esquinas de la pickup. El lechón era gigante, nunca, realmente, había visto cosa igual. Casi se ahorca mientras el conductor cogía una de las curvas del barrio El Verde abruptamente, fumaba y tiraba con la mano izquierda una lata de Medalla por la ventana.
La gente en la 65 de infantería lo miraban, muchos asombrados, otros, pues, con hambre. Se veía tan feliz, se le movían las orejas peludas con el viento. Trataba de moverse, claro, para saludar a todo el mundo y desearles una Feliz Navidad, pero la soga no lo dejaba. Probablemente pensaba “Qué chévere, me sacaron a pasear, ¡ya era hora!”
Su familia dedicaría la misa de ese próximo domingo a Moncho el lechón.
Moncho
(?-2006)
Vivió poco, se revolcó mucho, y murió con una bara por detrás.
4 comentarios:
Eah rayos...pobre Moncho... *sob*
Cuantas libras de morcilla se sacaran de Moncho.
Diría que varias.
Las morcillas de ese puercosaurio no las van a medir en libras, sinó en millas.
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